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¿Dónde quedan los deseos de ellas?

¿Dónde quedan los deseos DE ELLAS?

Trabajar la autonomía y la autoestima no es nada fácil, especialmente cuando la construcción de la identidad de las mujeres está condicionada por la MIRADA DEL OTRO, una mirada masculina que dicta y establece los cánones de belleza y de moralidad a la cual está sometida la mujer: cómo debe ser y qué debe hacer.

Es fundamental trabajar la autoestima de las criaturas y las adolescentes porque es una herramienta vital para prevenir la violencia de género y saber detectar situaciones de dominación. Aunque ha incrementado la influencia ideológica y la incidencia política de las mujeres, su mayor visibilidad y presencia en el espacio público no siempre es bien acogida. En este mismo sentido, Jane Darke recoge las siguientes palabras:

De hecho, la desigualdad y la jerarquía entre hombres y mujeres u otros colectivos no serían posibles sin el uso de la violencia, implícita o explícita, disimulada o ejercida. Por ejemplo, el uso que hacen las mujeres del espacio público es un elemento más de coacción y limitación de la libertad de movimiento.

En la historia de Caperucita, la protagonista se desvía del aprendizaje, quiere descubrir otros caminos, disfrutar de la naturaleza, coger flores. Es su pequeño momento de autonomía en el mundo exterior, aunque en la historia esta exploración es presentada como un riesgo evitable para el personaje:

– NO DEBERÍA ENTRETENERSE

– NO DEBERÍA VESTIR DE FORMA LLAMATIVA

– NO DEBERÍA HABLAR CON EXTRAÑOS

– NO DEBERÍA SER INGENUA

Son mensajes que han recibido y reciben constantemente las niñas y las chicas. Mensajes que limitan su independencia y su libertad de movimiento.

El trágico final de la historia es el castigo social, el castigo a su ingenuidad y al no sometimiento de las normas sociales. Esta respuesta colectiva es también la respuesta social a las agresiones que sufren muchas mujeres, basadas en justificar al agresor y en responsabilizar a la mujer de su conducta: por su ropa, por salir de noche, por ir por caminos desconocidos y poco iluminados, por hablar con desconocidos, por haber compartido unas fotografías de carácter sexual, etc. En definitiva, por ser mujer.  Igual que le ocurre a Caperucita Roja, fuera de la protección que ejerce la casa sobre las mujeres existe un peligro amenazante y resuenan en las mentes de las chicas las palabras de la madre de Caperucita: “¡No vayas por determinados caminos! No son seguros.”

Descubre más en la “Guia Cambia el cuento”.

 

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